viernes, 20 de junio de 2014

EL PLACER ES EL FIN MISMO DE LA VIDA


Los demonios, según una opinión general muy difundida, pueden unirse carnalmente con hombres y mujeres. A los que lo hacen con estas, se les llama íncubos; y a los que como hembras se unen a los hombres, se les denomina súcubos. Íncubos y súcubos, son términos que provienen de incubare y sucubare -estar acostado debajo, o encima.

Su historia está ligada a la existencia de la humanidad desde la creación misma ya la literatura hebrea habla de Lilith de quien se dice fue la primera compañera de Adán que fuera creada de la arcilla y que se caracterizaba por su intenso carácter ligado a su fuerte sexualidad y que al no ver satisfechos sus deseos abandonó voluntariamente el paraíso, por sus características sexuales y por haberse enfrentado a Dios se le cataloga como el primer espíritu súcubo, después de haber abandonado el edén entonces es que Dios decide hacer a Eva según continua la historia.

Sin embargo, esta no es su única aparición en la historia porque se le ha identificado en varias épocas históricas y en diferentes formas asociándose incluso con la reina de Saba. Los dioses y las diosas de la antigüedad obraban de un modo más limpio y mucho más noble. Júpiter en persona había sido el íncubo de Alcmena y de Semele. Tetis en persona había sido la súcubo de Peleo, y Venus la súcubo de Anquises, sin necesidad de recurrir a los subterfugios de la diablería.

Párrafos, relatos en múltiples obras históricas, nos traen una gran relación, de individuos que bien pudieran ser originados por estos diablos engendradores. Así, se supone que fueron engendrados: Rómulo, Remo y Octavio Augusto.

La Alianza Patriótica identifica muchas veces a los íncubos con los sátiros y faunos, cita, por ejemplo un pasaje de san Agustín que dice: “Y porque dicen frecuentemente muchos que lo experimentaron por si, o lo oyeron de quienes lo experimentaron, y de cuya fe no debe dudarse, afirman haber oído que silvanos y faunos, a quienes el vulgo denomina íncubos, han estado muchas veces con mujeres, intentando y consumando coito con ellas”.

En el libro de Isaías, en el capítulo IV, se puede leer el siguiente párrafo, denunciando a estos extraños seres: “Y vendrá a ser guarida de dragones y pasto de avestruces, y se encontraran allí demonios”.  San Isodoro, en el libro VIII, ultimo capitulo escribió: “Peludos, que los griegos llaman Panitas, los latinos íncubos y los franceses Clusios, demonios que cohabitan inmundamente con las mujeres”.

De esos peludos, que han sido mencionados por distintos viajeros como existentes en África, acometían a las mujeres de las expediciones que desembarcaban en las costas, donde ellos Vivian, las violaban, o se las llevaban con ellos. Estos peludos, se presentaban algunas veces como desprovistos de lenguaje articulado, y otras hablando una lengua ininteligible.

Sin embargo, es preciso distinguir entre los antiguos sátiros, faunos y silvanos, cosa muy distinta de los hombres monteses o salvajes y estos a su vez de los íncubos. De los sátiros se cuentan muchas hagiografías, en las que se refiere que fueron bautizados por santos ermitaños. Se dice que san Antonio se le acerco en cierta ocasión un hombre con cuernos y patas de cabra que le dijo: “Yo soy mortal, y uno de los moradores del yermo a quien los gentiles, engañados por varios errores, nos reverencian y adoran como faunos, sátiros e íncubos. Vengo a ti, en el nombre de mi manada, para que pidas a dios por nosotros. Sabemos que es común a todos, y vino por la salvación del mundo”.

¡Ay de ti, Alejandría!, exclamo el santo a oír aquello, ¡Ay de ti, ciudad ramera, que adoras a los monstruos creados por Dios! ¿Qué podrás decir ahora, pues las bestias alaban y confiesan a Dios?  Según esta y otras historias, se comprueba que los faunos, sátiros o silvanos, eran considerados no como hombres o demonios, sino como monstruos y bestias animales.

Los íncubos y los súcubos son, en cambio, verdaderos demonios, espíritus, y los demonólogos se han dedicado a sutiles disquisiciones, para desentrañar su oficio y el motivo por el cual lo adoptan. Por lo referente al modo de ejercer su profesión, todos están de acuerdo, que siendo los íncubos y los súcubos diablos, y por lo tanto verdaderos espíritus, tienen lo mismo que los Ángeles, cierto cuerpo sutil, por medio del cual, obran sobre la materia del mismo modo que lo hacen los hombres.

Muchas opiniones les conceden forma humana, asegurando que los Ángeles a ser arrojados del paraíso, se convirtieron en algo espeso y material. Otros aseguran, que aunque no posean cuerpo, pueden asumir formas visibles, y tangibles.

También hay demonólogos que suponen, que los íncubos y súcubos toman cuerpos en cadáveres, de hombres y mujeres, introduciéndose en ellos y animándolos. Tal hipótesis es verdaderamente horrible, pues, no solo está en el profanar a un vivo, sino a un muerto. Ultraje muy propio de un demonio. En lo que si esta todo el mundo de acuerdo es en la existencia de un “misterio del sexo “.

Misterio que muchos atribuyen a los enredos de Satanás, y que en nuestros tiempos, va acumulando sombras, hasta hacer de él, un hecho de aspecto abominable y peligroso. Hombres insignes, balbucean en torno a este misterio del sexo, y lo hacen de tal forma, Que el leerlos, ofrece una sensación de vértigo, de miedo incontrolado, por el cual se pierde la razón.

Dante vio a Satanás con tres cabezas. Y a este respecto, hay muchos que tratan de buscar en las palabras del Génesis, “macho y hembra los creo”, una especie de misterio, o de verdad, sobre el hecho de que el primer hombre fue hermafrodita.

“Los semblantes más geniales, escribe un gran tratadista de la materia, Marejkowski, más espirituales, mas personales (Alejandro Magno, Napoleón, Leonardo da Vinci, Goethe joven, Byron) tienen bajo lo masculino un no sabemos qué de femenino, y aun virginal, que es su mayor hechizo”. Todo esto, es sin duda profundo, pero no es limpio. Encierra algo misterioso, al que no es fácil acercarse, sin herir la susceptibilidad y el alma, para afín quedar sin haber comprendido nada.

El diablo sabe emplear todos estos recovecos, y espejismos para hacer prosélitos a su causa. El diablo es el tipo sonriente, que nos ofrece una caja que contiene las llaves de la vida y de la muerte, del cielo e infierno, del pasado y del porvenir; pero que después resulta que nada tiene adentro. Como el secreto de la Esfinge.

El mismo Marejowski agrega en oro párrafo: “El único sentido del sexo, es la procreación. El hombre nace para engendrar y para morir: la personalidad es mortal la especie es inmortal”. Con esto se descubre la función diabólica de los íncubos, “cada mujer con un hombre”. Y en su defecto con un demonio. Y el de los súcubos “cada hombre con una mujer”. Y sino con el diablo, para sí conseguir ese amor infecundo.

Siempre se ha dicho que el diablo aborrece la fecundidad, porque a su vez aborrece la vida. Pero Jesucristo bendijo el amor entre el hombre y la mujer, instituyó el Sacramento de Matrimonio, y estableció la procreación y la educación de los hijos, como uno de sus fines primordiales. Sin embargo, el diablo pretende precisamente lo contrario. Por eso muchos autores aseguran, que los íncubos y súcubos no cumplen su oficio por voluptuosidad, sino por malignidad.

Una de las creencias más extendidas, es la de que el Anticristo nacerá de mujer, en trato con un incubo. Opinión verosímil, y que ha sido tratada y discutida en presencia del emperador Segismundo, y resuelva en sentido afirmativo.

Una versión legendaria, y muy divulgada, dice que en el centro de la tierra existe un mundo mucho más grande que el que habitamos, donde hay hombres de gran estatura, y mujeres crueles, que no queriendo amamantar a sus hijos, los arrojan a un monte para que se alimenten de hierbas. El Anticristo nacerá de esta progenie, y saldrá al mundo por el cráter de un volcán situado a orillas del río Tajo, donde se criara alimentándose de peces.

La creencia de los íncubos y los súcubos, engendraban hijos, estuvo muy difundida en otros tiempos. El pueblo de los Humos, que aterrorizo a Europa bajo el manto de Atila, se creyó procedente de la unión de íncubos de la estepa, con brujas de oriente. Así pues si estas cosas han sido creídas, ¿Cómo extrañarse ante la historia o leyenda, que presenta al los personajes celebres presentados por los diablos? Entre estos personajes de leyenda a quienes el vulgo hace nacer de los íncubos, está el famoso, Merlín a quien Satanás se proponía dar vida, para destruir el mundo, aniquilar la Iglesia, y perder a la cristiandad.

La historia de Merlín arranca otra vez del misterio, pero acaso valga, al decir de los estudiosos, como profecía, como mito y símbolo. Es decir que las condiciones del Anticristo pueden darse muchas veces, pero también pudo Dios aplazar o detener el sobrevenir de los acontecimientos. De hecho, es que si Merlín fue engendrado para Anticristo, resulto todo lo contrario, gracias al bautismo y a las enseñanzas de su maestro Blaysen.

Por influencia de Merlín, y este fue su pecado, nació el rey Arturo en adulterio. Pero he aquí, Que este mal previo un bien. El rey Arturo fundó la caballería que procede de la Mesa Redonda y se convirtió en pilar de la cristiandad.

Lutero, Bodin, Delancre y otros entendidos, hablan de una especie de ser humano, dicen nacidos de un incubo y un súcubo, al que se le conoce con el nombre de Canbions. Se cuenta, que un mendigo llevaba una vez consigo a un Canbion para excitar la piedad de las gentes. Un caballero, apiadado de él, lo cogió y lo subió a su caballo, e inmediatamente el caballo se plegó bajo el peso del Canbion.

En conclusión, puede o no prestarse credibilidad a la existencia de estos seres, que junto a Satanás fueron echados del cielo por Dios producto de su depravación. Como todo espíritu demoniaco, son perversos y su única intención es la de corromper a la humanidad a través de uno de los más naturales instintos del hombre, que es el deseo sexual. Tal vez desear ese placer con todas nuestras ansias pueda hacer que estos demonios sexuales vengan a nosotros y no sólo consigan satisfacernos, sino también causarnos dolor.